Medio Informativo
Hay un par de cosas que se están volviendo tónica general en la vida de Lady Gaga. Primero están sus cada día más bizarras indumentarias que hacen que el termino kitsch se quede, no corto, cortísimo. El vestido hecho de ranas Gustavo es solo la punta del iceberg tras el velo de viuda con orejitas, el traje de bola de discoteca, los fuegos artificiales en las tetas o ¡esto! Todo hay que decir que lo mismo se viste de manera aparatosa que sale desnuda (o vestida de desnuda, como lo oyen). Y eso podría deberse a, segundo, su disparada afición a la bebida como ha quedado patente recientemente. Sus fotos en avanzado estado de embriaguez de la pasada semana en Hamburgo, nos ha recordado su reciente concierto en Ibiza, donde a una Lady Gaga ebria le falló todo: la concentración, la coordinación (golpeó sin querer a uno de su bailarines y le hizo saltar tres dientes) y hasta el corsé, que dejó sus pechos al descubierto en más de una ocasión durante el concierto.
Pudiera tener que ver con su ruptura con Speedy (sic), su último novio, pero Lady Gaga está desmadrada. La cantante, que ha pasado por varias adicciones serias en el pasado, reconoció al Sun que su corazón no está pasando por el mejor momento. A mi, la verdad, es que L.G. me parece una mujer estupenda. Lejos de juzgar su música, me parece una tía irónica, con mucho sentido del humor y poco complejo. Tampoco es que debiera tener ninguno, todo hay que decirlo. Así que ¡cuidado Gaga! que ya sabes que en esta profesión la línea entre tomarte unas copas e ingresar en un clínica de rehabilitación se diluye como los hielos en un cubata.