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La Navidad comienza con el encendido de la iluminación de cada ciudad. Entonces, pasear por las calles cuando ya es de noche se convierte en un momento mágico de luces, color, música y castañas asadas. Pero la decoración navideña no afecta solamente al exterior, ya que de puertas para dentro, es decir, en casa, los adornos también lo invaden todo. Podría decirse que los elementos decorativos de estas fechas se dividen en tres grupos: los que tienen que ver con el árbol, los que se colocan en el Belén y el resto.
El árbol es sin duda el más colorido de todos los adornos navideños y uno de los que más gusta a los niños. Los hay de todo tipo: naturales, sintéticos, de plástico, grandes, medianos, pequeños... Cada uno debe elegir el que más le guste o el que entre mejor en su casa. Decorarlo requiere de tiempo. Se planta desnudo en el salón de casa y se empiezan a sacar bolas y demás accesorios para vestirlo. Piñas, corazones, estrellas, figuras de Papá Noel, de los Reyes Magos o de camellos, espumillones de todos los colores y, para el final, quedan las luces y la estrella.
La estrella que lo corona es siempre lo último en ponerse. Y luego esta quien aún recibe felicitaciones navideñas en el correo tradicional y también las coloca en el árbol en un ejercicio de equilibrio. El toque final, el que hace que parezca un verdadero árbol de Navidad, es poner debajo algún que otro paquete envuelto a modo de regalo.
Si árbol es el elemento decorativo más popular de estas fiestas, el portal de Belén es el elemento religioso por excelencia. También los hay de todo tipo, tamaño y proporciones. Su tradición se remonta a muchos siglos atrás. El mérito se le atribuye a San Francisco de Asís en el siglo XIII. Menos colorido que el árbol navideño, el Belén (como se conoce popularmente) consiste en representar con figuras el nacimiento del Niño Jesús. El portal básico consta de las imágenes de la Virgen, San José, el Niño, el Ángel, la mula y el buey. A partir de ahí se le van añadiendo figuras accesorias como los Reyes Magos con sus camellos y pajes, los pastores que acuden a adorar al Niño, rebaños de ovejas, patos, lavanderas... Es todo un arte.
También existe una gran variedad en cuanto a los tamaños. El más popular se compone de figuritas de plástico pequeñas, pero los hay algo más grandes, con estatuillas de yeso pintadas (suelen ser los que se ven en los ayuntamientos, por ejemplo). Y luego está la versión viviente. En Buitrago de Lozoya (en la sierra madrileña) todas las navidades cuentan con uno. Estos son los más clásicos, porque también pueden comprarse versiones como el de nevera con imanes que se ha popularizado en los últimos años. Hay para todos los gustos y tamaños de casa.
El tercer grupo de adornos caseros ofrece un amplio abanico de posibilidades y está dirigido más a quienes viven intensamente la Navidad o tienen niños. Para ellos queda decorar toda la casa con muérdago, espumillones, adornos colgantes, espuma para hacer figuritas en las ventanas, velas... Hasta existen manteles y servilletas con motivos navideños para las cenas y comidas familiares de estas fechas. Un mundo de posibilidades para hacer entrar la Navidad en nuestras casas.