Medio Informativo
Vamos a lo que conocemos. En cada aula de clases, desde primaria hasta la universidad, hay por lo menos un chamo gay. El maricon del salón, pues. No importa si es una institución católica de puros hombres o un liceo público de cualquier ciudad. Siempre hay por lo menos uno. La cosa se hace más clara en la educación superior, uno está claro, pues.
Por otro lado, el Vaticano se ha gastado un billón de dólares en proteger a los curas perversos que se portan mal con sus diáconos y niños que tienen cerca, por lo que el porcentaje del "chamo gay por salón, por lo menos" se repite en los salones de los seminarios, y al parecer con más frecuencia. Porque lo de ellos son los chamitos, no las chamitas.

Ni hablar lo que pasa en cárceles, internados masculinos, centros de rehabilitación o cuárteles. Hay toda clase de eufemismos y nombres: brujas, carreteados, cantimplora.
Por simple lógica, podemos deducir que en los conventos, colegios de niñas y más especialmente, internados de mujeres, se repite el porcentaje. Porque las mujeres pueden ser más emocionales y suaves, pero también sienten y quieren por ahí. Es más, tenemos la creencia popular que entre ellas es más fácil. Por culpa de la pornografía, porque se cambian juntas, porque se ven desnudas sin pudor y hasta con interés -para criticar o envidiar-, y porque toda mujer joven jura y perjura que ha visto más tetas que uno, pero menos deseables, debemos acotar: mamás -con excepciones-, tías -idem-, abuelas -¡oh, dios, no!, y por allí.
A lo que vamos. Ellas también quieren. No por descrédito de la Iglesia Católica nada más, sino por lo natural de la sensación del sexo, ya no encuentro amigas que crean que existen monjas que mueran vírgenes. Alguna excepción habrá, pero todas pasan por el filo, dicen. La pregunta es quién: ¿otro cura, otra monja, o alguien laico, de esos que siempre andan visitando la Iglesia y llaman beatos? ¿Flanders es un motolito?
Porque se conocen experimentadas lesbianas con su himen intacto, y mujeres casadas de años que añoran vivir con una mujer y dejar al marido botado con los muchachos. Hay lesbianas vocacionales, con niños adoptados y vida de pareja, y divinas amantes que se la pasan -cual hombre- haciendo una lista de chicas pasadas por las armas.
Válidas son las preguntas: ¿es que una monja jamás piensa en sexo, no desea nada cuándo ve su propio cuerpo desnudo, no hay días en que la naturaleza le gana a esa llamada mística de amor litúrgico? Sé de una santa que se cortó los senos para ofrecérlos al señor, pero no estoy seguro que todas lo hagan al menos metafóricamente y no hayan conocido una mano ajena, al menos por la mera curiosidad. Lo más simple: ¿las monjas no se masturban, al menos pensando en los sacerdotes más jóvenes y carismáticos?
Todo le toca a los curas: El crimen del Padre Amaro y Gael García Bernal dándole la comunión a una de sus devotas en una casita rural donde los escucha una mujer con problemas mentales que al escuchar el ajetreo, pues también se emociona. Los cuentos de abortos de monjas son un mito urbano que no se ha logrado comprobar. Los curas son las lacras, las monjitas, se la pasan arrodilladas. ¡Ajá!
En los internados o cárceles femeninas la cosa es distinta. En el primero, es la condición anti-natura del no-sexo, pero la inevitable experiencia de ir creciendo, de tener la regla y de ser mujeres. Puedo tener hijos, por tanto, hay que saber cómo. Me están creciendo y saliendo cosas que los hombres no tiene y que ellas mismas antes desconocían: senos, caderas, cintura. ¿Para qué lo tenemos? Debe servir de algo. Y de nuevo, el porcentaje mínimo, la necesidad de cariño y contacto físico y la inexperiencia. Y la educación sexual como terrorismo: sólo quieren es "eso", te vas enfermar y salir embarazada y sola. Solución: véngase, mamaíta. Literalmente.
En el segundo es un símil de la Universidad, porque ya son grandes. La que no lo ha hecho, lo ha escuchado y un día, escuchada o acosada por una compañera que sí le gusta lo que ella misma tiene y ¡zas! No es como las violaciones en las jaulas de hombres, aquí no hay palomas embarazadoras, abusos violentos y culos partidos, sino bocas y dedos que buscan dar lo que casi ningún coñoemadre ofrece: placer y complacencia, apenas sin ninguna exigencia.
¿Las monjas mueren vírgenes?